2025.
Unas palabras para cerrar el año..
Hace días que no escribo en esta plataforma.
Quería hacerlo más a menudo, pero me ha faltado tiempo… y, sobre todo, parece que ganas.
Siempre he creído en el “querer es poder”, pero no lo he querido suficiente (y mira que me gusta).
Al menos ya tengo un propósito claro para 2026: escribir más.
En público, por aquí.
Y en privado, en mi diario.
Últimamente me han pasado varias cosas personales. Decisiones mías, formas de actuar, momentos que estoy bastante seguro de que, si escribiera más a menudo, no habrían sucedido igual.
Pero bueno, no he venido aquí a hablar de eso.
(No hoy).
Este 2025 ha sido el año más extremo de mi vida, y quería compartir algunos momentazos —los que me vienen ahora a la cabeza— sin ningún orden concreto.
Muchas veces, durante el viaje a Japón, decía que lo vivía como en tercera persona. Era todo tan heavy que a ratos no me creía que esa fuera mi vida.
¿Dejar mi curro por un sueño?
¿Jugármelo todo por algo que siento que es el camino correcto, pero sin saber que pasará?
¿Conducir por el mundo con mi coche de 900€?
¿Tener una audiencia de cientos de millones de visualizaciones?
¿Llegar a Corea en coche?
Recuerdo perfectamente ese momento, el de llegar a Corea (dentro de mi, era como haber llegado a Japón).
Llego al puerto de Donghae, en Corea, desde Vladivostok, Rusia. Uno de los países más cerrados y duros del mundo —aunque cuando estás allí no lo parece para nada— y, de repente, Corea: uno de los países más fáciles y amables que existen. Dos mundos opuestos separados por 24 horas de ferry.
Llego al puerto (siendo el único coche de todo el barco) y me dicen que van a inspeccionarlo. Meten todas mis cosas, llenas de tierra de distintos desiertos, por una máquina de rayos X. Después de unos 30 minutos y preguntas bastante vagas —nada que ver con la frontera rusa— entro en Donghae.
Salgo del puerto, paro en el primer 7-Eleven, me compro un café frío y me siento en la terraza. Era epoca de elecciones, había gente cantando y bailando cosas de los distintos candidatos. Y yo ahí, sentado, con un coche de 900 € delante y matrícula de Barcelona, España. No me lo creía.
Otro momentazo fue la rotura del cárter. Todavía hay gente que no se lo cree.
Quedaban dos días para dejar el coche en el puerto para que las autoridades rusas dieran el ok y yo pudiera salir del país. Mi visado acababa el 14 de mayo y el barco salía el 14 de mayo. Más justo, imposible.
Iba por una carretera saliendo de Khabarovsk, después de haber visto el desfile militar del aniversario de la victoria contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Los americanos dicen que ganaron ellos, los rusos dicen que fueron ellos… la historia la escribe quien gana, y aquí parece que fueron los dos.
Iba tranquilo, con hambre, sin haber comido, cuando de repente: BOOM. Un bache enorme. De esos que se sienten diferentes.
Paro a comer. Hay un tío con su hijo. El tío, borracho, con una cicatriz enorme en la cara, rollo villano de James Bond. Me habla, muy majo, pero yo solo quería comer mis patatas tranquilo, viendo una serie.
Me voy. Arranco. A un kilómetro paro otra vez para comer. Antes de dar el primer bocado veo una mancha de aceite en el suelo. Muerte total.
Lo tiro todo, arranco como puedo y llego al primer pueblo. Ahí conozco a Vitalya e Ivan, que junto con otras doce personas me ayudan a solucionarlo.
Y el resto ya es historia.
Esa noche fue la peor y la mejor a la vez.
El peor momento del viaje y, a la vez, el momento en el que conocí a gente maravillosa y compartimos una noche divertidísima.

La entrada a Irán también fue para enmarcar.
No tanto por cómo fue, sino por las expectativas que llevaba. Pensaba que iba a entrar en un país lleno de tanques, militares y tensión constante.
Al llegar a la frontera desde Turquía, todo parecía confirmarlo. Había retrocedido 70 años. Éramos cuatro coches y un autobús. Por alguna razón, me hacen pasar el primero. El militar, con el uniforme más limpio que he visto en mi vida, revisa un poco el coche, abre cuatro cosas y me pregunta por el cacao de labios. Luego me pregunta si llevo alcohol y me dice: “passport control”.
Se había caído el sistema. No funcionaban los ordenadores.
Me sellan la visa (no el pasaporte) y entro. Hablo con un buscavidas, lo gestionamos todo en una hora y ya estoy dentro.
Paro en el primer pueblo a tomar un té. “Pues tampoco está tan mal”, pensé.
Después de tres horas llego a Tabriz. Antes incluso de aparcar, ya estaba flipando. Una ciudad normal y corriente. Aparco en el centro y mis primeros diez minutos son de asombro total:
Un 50% de mujeres sin velo, otro 25% con algo mínimo cubriéndoles el pelo y el resto con burka.
Gente joven vestida como en cualquier ciudad de Europa o Latinoamérica. Tatuajes, vida en la calle, tiendas llenas, gente comiendo helado.
Y ahí entendí algo importante: si la gente come helados por la calle, no hay militares con AK-47 vigilando cada esquina (¿no?).
Dormí cada noche en el coche. Y no me lo esperaba para nada. Qué país.
Intento que no me afecte demasiado si un vídeo no funciona o no lo ve tanta gente como me gustaría. Digo intento, porque en papel suena fácil, pero cuando algo no va bien, cuesta.
Crear una mini-película cada día y compartirla con el mundo hace que, quieras o no, esperes que funcione. Y entonces aparecen los números.
Cuando empecé el viaje, el 16 de marzo, tenía 66.000 seguidores en Instagram.
Hoy, 31 de diciembre, acabaré el año con más de 1.550.000.
Los primeros cuatro días del viaje no podía ni entrar en Instagram. Literalmente se rompió.
Qué locura fueron esos primeros 30 días. En todos los sentidos.
Y por último —porque si no esto se hace eterno y aunque suene muy cliché—, doy las gracias.
A mi familia, por no ponerme barreras.
A mis amigos y amigas, por el apoyo.
A toda la gente que me ha ayudado antes, durante y después de los viajes.
A vosotros por estar al otro lado de las pantallas y mandarme tanta energía positiva.
Y, emulando al gran Snoop Dogg cuando recibió su estrella en Hollywood:
gracias a mí mismo.
Por soñar en grande y ejecutar cada día.
Por tener las agallas de dejar un trabajo (otra vez), aun sabiendo lo mal que lo pasé la última vez.
Por confiar en que había algo ahí y tirarte con todo a ello.
Y por dedicarle, con cabeza y constancia, cada día a hacer mejor Volata di Peluca.
Espero y deseo que 2026 sea lo que tenga que ser.
Ni mejor ni peor.
Solo pido salud.
Y que ni el Marea ni yo nos cansemos.
Un fuerte abrazo a todos.







Referente a lo que comentabas en tu Instagram sobre el cambio de planes de pasar año nuevo en tu casa y haber cambiado el vuelo en el último momento y haberte sentido mal por haberlo hecho, solo me hiciste recordar a Charlie Sinewan y su frase favorita que es "No hay plan". En su último video él reflexionó sobre ello y dijo, palabras más palabras menos: el no tener un plan no quiere decir que no haya un objetivo; una cosa es tener un objetivo, el cual en su caso era llegar a Ushuaia, y otra es el cómo iba a llegar ahí. Para llegar ahí era para lo que no tenía plan, o sea, no sabía la manera exacta ni lo que iba a pasar en el camino ni siquiera las mismas decisiones que tomaría sobre qué camino agarrar; lo único que sabía es a dónde llegaría y una fecha aproximada, nada más.
En tu caso tú también tienes un objetivo y una fecha, y es lo único que necesitas. El que hayas cambiado de decisión sobre quedarte más tiempo en tu casa es parte del "No Plan" y no debe hacerte sentir mal; malo fuera si cambiaras el objetivo.
Así que disfruta tus días en Barcelona y mantén tu objetivo final en mente, sin preocuparte por las decisiones que tú mismo o el guionista (diría Charlie) tomen para cumplir tu meta. Si haces esto tendrás paz en todo tu viaje y aprenderás a disfrutar el presente, que al final es lo único que existe.
Feliz Año Nuevo!!!!
Fabio yo te conocí por casualidad o algoritmo, no lo se pero fue en finales de Marzo de 2026, justo cuando publicaste el dia 7 viajando a Japon con ese coche de 900€, me parecio tan majo pero tan simple como haces las cosas sin lujos o ese glamur que buscan las personas y nos olvidamos de algo basico, las mejores cosas se hacen con el corazon sin frivolidad ni el que diran, hoy me alegra ver que tu exito es base de algo simple, que muchos olvidamos, el ser autenticos y no buscar poses. Mucho exito y mis mejores deseos para el proximo año, que volata y el marea lleguen al infinito, un abrazo.